El Hombre Completo

 
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El Hombre Completo
 
 
Más allá del Hombre
El hombre no es un autómata dirigido únicamente por las acciones y reacciones químicas de su estado fisiológico.
Tras de sus formas aparentes y visibles, de sus células, moléculas y tejidos está el calor, el magnetismo, las emociones, las ideas y, sobre todo, el ser espiritual y verdadero.
El cuerpo físico y anímico no lo es todo en el hombre; la fuerza motriz que da la vida y que es el origen y sostenimiento del hombre, es un campo inmenso y aún completamente ignorado. Y esta búsqueda de la parte espiritual del ser es tanto más afanosa cuanto más los sabios y los sensatos constatan que, a pesar del adelanto de las investigaciones biológicas y microbianas, a pesar del adelanto de técnicas médicas y quirúrgicas, a pesar de la asepsia y de los antibióticos el hombre sigue padeciendo.
El hombre está constituido por un cuerpo físico, anímico y espiritual. Hasta que el hombre no constate ampliamente esta verdad fundamental, no habrá felicidad verdadera para él.
En cada hombre está depositada una centella de la Divinidad Eterna; es como el sol que se refleja en cada gota de rocío. Ese destello de Dios en el hombre es el Espíritu.
El hombre en su esencia es un Ente Espiritual, predestinado por su superior naturaleza esencial a la inmortalidad, pero como el Ente Espiritual actúa en los diversos planos de manifestación, anímicos y materiales, dispone de un libre albedrío que lo determina.
Puede ser bueno o malo, puede si quiere, esforzarse o detenerse. En una palabra dispone de sí.

El hombre fue determinado para ser una imagen perfecta de la Divinidad, pero los sentidos contradictorios que son sus medios para desenvolverse, desarmonizan y manchan continuamente al alma.
Los medios del alma para su purificación y perfección son el don del esfuerzo de la voluntad y el don de la Gracia Divina.
Por el don del esfuerzo de la voluntad el ser piensa y siente, discierne sus pensamientos y distingue las emociones. Por el don de la Gracia Divina y de la ayuda Superior conoce la luz del Espíritu, el bien de las experiencias pasadas y la orientación de aquellas almas que ya han recorrido el Buen Camino de la Sanación.
 
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EL HOMBRE COMPLETO

El ser es un microcosmos, un universo en miniatura. Conocer bien el complejo externo e interno del hombre es conocer el Universo.

De igual forma que el cosmos, el ser es ternario y septenario en su estructura.

Como ternario, el Ser es:
1. Espíritu
2. Alma
3. Cuerpo

El cuerpo es la parte del hombre ya conocida. Todos los seres corresponden a una misma ley biológica que los distribuye en categorías, según la especie de raza, clima y tiempo al que pertenecen.

El alma es la mente del hombre; es real por las manifestaciones que la determinan, si bien invisible por su especie.

El Espíritu es la esencia substancial divina en el hombre. Él sólo se expresa en el alma del ser como potencialidad unitiva e inmanente, o actividad individual creadora. En sí es simplemente lo que es. Permanece eterno, invariable, indivisible e ignorado. Ese es el Espíritu.

Todo cambia, el cuerpo y el alma del hombre se transforman continuamente; pero el Espíritu permanece siempre en su estado de origen.

El Ser ternario es simultáneamente septenario si se divide en las siguientes partes:

7. Cuerpo Físico
6. Cuerpo Astral
5. Cuerpo Energético
Estas tres partes del ser constituyen el cuerpo del hombre.

4. Mente Instintiva
3. Mente Comprensiva
2. Mente Intuitiva
Estas tres partes del ser constituyen el alma del hombre.

1. Espíritu
Estos principios, coronados por el Espíritu, forman por su naturaleza el Hombre Completo.

El cuerpo físico es el instrumento; por él el alma adquiere experiencias externas y se habilita en el manejo y dominio de los elementos.

El cuerpo astral es un molde sutil y perfecto del cuerpo físico y sus vibraciones áuricas permiten que los deseos del alma se transmitan al cuerpo y que los resultados de las experiencias del cuerpo sean conocidos por el alma.

El cuerpo energético es la parte luminosa y sutil del cuerpo completo; une la parte inferior y material a la parte anímica del ser.

La mente instintiva es el depósito del alma. Todas las experiencias hechas están allí registradas y todos los impulsos que se manifiestan en el ser tienen origen en esta parte. El subconsciente tiene allí su gran registrador.

La mente comprensiva es aquella parte del alma que analiza las ideas y controla los sentimientos. No permite al instinto que se sobreponga; observa el material expuesto y considera los resultados.

El hombre actual está desarrollando esta parte del alma y, si bien tiene muchos instintos que no puede dominar, es completamente diferente a un hombre puramente instintivo.

La mente intuitiva, que desarrollará el hombre futuro, es aquella potencia del alma que conoce las cosas en sí y las expresa sin variante.


 
 
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